Tercer Día.
“Y atardeció y amaneció el día segundo: fue el día tercero”
En su tercer día Dios, Génesis 1. 9, 12, acumulo las aguas por debajo del firmamento o bóveda y dejo “ver lo seco” a lo que llamó tierra, y a las aguas, “llamó mares” y ante ese escenario ordenó Dios que la tierra produjera “vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto, de su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra. Y así fue. La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla dentro, por sus especies; y vio Dios que estaban bien”
Quizás Dios como omnipotente y que todo lo puede, pudo hacer, como un milagro, que la tierra produjera todo lo que produjo, y que no lo podía hacer por su propia naturaleza, por cuanto, como hemos visto, no se había todavía creado el sol, que es elemento necesario y esencial para que la tierra produzca naturalmente, por cuanto el sol es la fuente original de energía de los ecosistemas del planeta, por su función de producir energía, que las plantas y los seres vivos usan para procesar elementos minerales y convertirlos en su alimento, con el que las plantas y los seres vivos se mantienen vivos, crecen y se reproducen, por lo que, si el Sol no proveyera de energía todos los días al planeta Tierra la vida como la conocemos probablemente no existiría.
De lo que debemos deducir, o bien que la secuencia bíblica no es la correcta, no pudiendo existir antes que el sol ni plantas ni seres vivos, o que fue Dios en un acto de capricho omnipotente que generó una creación que no se sustentaría en la naturaleza.
Cuarto Día.
Debe haber creído Dios que era necesario para la evolución natural, para que actuara la naturaleza por sí, sin necesidad de una manifestación milagrosa de Dios, que se creara el sol para, entre otras cosas, cumplir con su función natural de ser dador de energía y de vida, y así, en Génesis 1. 14, 19, Dios puso al sol en el cielo (versión B.J.) o en el firmamento (versión B.L.) y a la luna, y creó igualmente las estrellas.
“Dijo Dios: Haya luceros en el firmamento celeste, para apartar el día de la noche, y valgan de señales para solemnidades, días y años;”
“y valgan de luceros en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra. Y así fue.”
“Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para el dominio del día, y el lucero pequeño para el dominio de la noche, y las estrellas;”
“y púsolos Dios en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra,”
“y para dominar en el día y en la noche, y para apartar la luz de la oscuridad; y vio Dios que estaba bien.”
“Y atardeció y amaneció: día cuarto.”
Quinto Día.
En Génesis 1. 20, 23, Dios resolvió crear los animales de mar y las aves.
“Dijo Dios: Bullan las aguas de animales vivientes, y aves revoloteen sobre la tierra contra el firmamento celeste.”
“Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo animal viviente, los que serpean, de los que bullen las aguas por sus especies, y todas las aves aladas por sus especies; y vio Dios que estaba bien;”
“y bendíjolos Dios diciendo: sed fecundos y multiplicaos, y henchid las aguas en los mares, y las aves crezcan en la tierra.”
“Y atardeció y amaneció: día quinto.”

La imagen lo es de la obra del artista holandés Maurits Cornelis Escher (1.898 – 1.972) en 1.926, considerada una pintura surrealista con superposición de perspectivas e imágenes de una serie de Historia de la Creación.
Sexto Día.
En Génesis 1. 24, 31, concluyendo el primer capítulo, Dios crea finalmente al ser humano y a los animales terrestres y le da potestad a su creación del ser humano para someter a la tierra y a todas sus criaturas.
Como podrá verse, y luego realizaremos el análisis pertinente, en esta primera versión de la creación del hombre y de la mujer, Dios los crea en un mismo momento y en plena y perfecta igualdad “Macho y hembra” según la versión B.J. o “Varón y mujer” en la versión de la B.L.

Adán de Miguel Ángel.
“Dijo Dios: Produzca la tierra animales vivientes de cada especie: bestias, sierpes y alimañas terrestres de cada especie. Y así fue.”
“Hizo Dios las alimañas terrestres de cada especie, y las bestias de cada especie, y toda sierpe del suelo de cada especie: y vio Dios que estaba bien.”
“Y dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra.”
“Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó.”
“Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.”
“Dijo Dios: Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento.”
“Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento. Y así fue.”
“Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. Y atardecía y amaneció: día sexto.”
Las horas del Sexto Dia.
Escritos midrasicos, entre ellos, los Midrashim Leviticus Rabba, Pesiqta Rabbati, Tanhuma Buber y Tehillim, han llegado a determinar con minuciosidad como transcurrió la creación en ese trabajoso sexto día y fue que Dios en la primera hora recogió el polvo de Adán, en la segunda hora, convirtió a Adán en un terrón inerte, en la tercera se extendieron sus miembros, en la cuarta Dios le infundió un alma, en la quinta Adán se levantó, y en la sexta dio nombre a los animales, en la séptima Dios le creo a Eva, en la octava “se acostaron dos y salieron cuatro” en referencia al nacimiento de Caín y Abel como mellizos, en la novena se prohibió a Adán que comiera el fruto del Árbol Prohibido, en la décima, Adán peco desobedeciendo a Dios, en la décima primera Adán fue castigado y en la décima segunda hora Dios arrojo a Adán y Eva del Edén.

La imagen lo es El rostro de terror en Caín escuchando la voz de Dios (1.860) del artista Xavier-Alphonse Monchablon, 1.860., exhibida en el Museo judío de Nueva York.
Séptimo Día.
Pasando al segundo capítulo, en Génesis 2. 1, 3, Dios da por concluida su creación de “los cielos y la tierra y todo su aparato”
“dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho, y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera.”
“Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó; porque en él cesó Dios de toda la obra creadora que Dios había hecho.”
Es en la versión de la Biblia Latinoamericana en la que encontramos en forma expresa el hecho del descanso de Dios luego de su tarea de creación.
“El día séptimo Dios tuvo terminado su trabajo, y descansó en ese día de todo lo que había hecho.”
“Bendijo Dios el Séptimo día y lo hizo santo, porque ese día descansó de sus trabajos después de toda esta creación que había hecho.”
Dios descansó, y fue Sábado.
Seis días arduos habían pasado y Dios, el Creador había concluido su tarea, no había otra cosa que hacer, solo descansar, y fue Sábado.

Dios inicio su creación trabajando, y al completar su tarea en seis días, y dejarse uno para el descanso, estaba armando un periodo temporal que pasaría a ser llamado semana, y la semana de siete días, en donde el ultimo, es el del descanso, lo que resulta lógico en cuanto se trabaja y luego se descansa.
Ahora bien, por otros motivos que no son los de la Creación el cristianismo apropiador de los mitos hebreos, y por una necesidad pagana y su adscripción de Jesús como Dios solar, se pasó el día del descanso del Sábado judío al Domingo cristiano, que quedó, al parecer, como primer día de la semana, y por ello, se inicia la semana descansando en el día del señor, más precisamente el día del Sol, y luego del descanso, recién se inicia la semana laboral.
Para hacer un buen fin de semana, los musulmanes luego impondrán, para sí, el día viernes como día de descanso, y con ello, sincréticamente, un buen fin de semana.
Para justificar la adopción pagana de la celebración del domingo, hicieron recaer la resurrección de Jesús en ese día, y por ello, a partir de allí, el día del señor.
La sacralidad sabática tiene su basamento bíblico, esencialmente es una orden emanada de Dios en la creación conforme Éxodo 20. 8, 11, aunque debe aclararse que en los sucesos de la creación en ningun momento se menciona el termino sábado, sino simplemente se deduce de Génesis 2. 2, en que la obra de la creación le había ocupado a Dios seis días, y por ello, concluida la misma, y no en un sentido literal, antropomórfico, de descanso, sino de cesación, de conclusión es que debe interpretarse ese séptimo día, y en ese simbolismo, así debería entenderse y difundirse y no como un suceso meramente literal. Dios nos estaba dando un parámetro cultural para que fuese adoptado y puesto en práctica por el hombre.
Dios según nuestra posición, no necesita descanso ni reposo, tampoco necesita descanso ni reposo para la posición ortodoxa, solo que al hacerlo se desvía de su exacerbado liberalismo bíblico y cae en una contradicción: “no todo es literal, solo lo que nos conviene” sería en síntesis el discurso, muy de puertas hacia adentro.
En Éxodo 20. 11, se afirma que Dios “reposó” el séptimo día, y en Éxodo 31. 17, se dice que cesó en su trabajo y “retomó aliento” “tomó respiro” con lo que se nos está presentado a un Dios con características humanas de cansancio y ello contradice las cualidades de “Omni” propias de Dios.
Buscando antecedentes, hay quienes asocian la institución sabática con una institución babilónica, aparentemente parecida, conocida como sûabbatum, aunque en realidad solo hay un leve parecido, pero no en lo substancial, desde que en Babilonia la semana era originariamente de cinco días y ese sûabbatum, no era el día de descanso, sino uno más.
En Génesis 7. 4, 10, // 8. 10, 12, // 29. 27, y sig, se mencionan períodos de siete días, con asociación en Job con cada uno de los siete hijos, y de las oraciones y los sacrificios de Job por sus hijos en Job 1. 4, 5,
Como un don de Dios hay una mención explícita del sábado en Éxodo 16. 21, 30, en relaicón a la obtención del maná, y como destinado al descanso, obteniéndose una doble porción en el sexto día, con lo que se indicaba que al día siguiente no había necesidad de trabajar.
El sentido religioso que se le dio al sábado fue el de ser un día del Señor, un día para Dios y por ello, el necesario descanso para estar completamente entregado a Dios.
Ese sentido religioso termino imponiéndose y por ello la severidad de su incumplimiento, al punto que se castigaba severamente, y prueba de ello es la muerte ordenada por Dios sobre un hombre que recogía leña en un día sábado, por lo cual Dios decretó que tenía que ser muerto.
La Violencia de Dios continuaba.
Pasaremos a la disputa entre Creacionistas y Evolucionistas, y muy especialmente, volviendo sobre Los Dias de la Creación a puntualizar sobre esos dias, su duración, y la estación de La Creación, y hasta en la fecha exacta de la misma.
