La Creación. (03) – El Segundo Día.

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El SEGUNDO DIA.

Para completar lo hecho en el primer día, en Génesis 1. 7, 8, Dios hizo un firmamento, (“Bóveda” según la versión de la Biblia Latinoamericana) por encima de las aguas y separo a estas, las de arriba, de las de abajo, “Y llamó Dios al firmamento cielos

“Y atardeció y amaneció el día segundo:”

El Cielo para la Tierra.

De la versión bíblica surge que Dios creo el Cielo para la Tierra, siendo que en la cosmogonía fenicia ya había claros conceptos de la existencia de un espacio celeste infinito dentro del cual, entre muchos otros planetas se encontraba nuestro mundo.

Dios creó los cielos con el resplandor de su vestimenta.

Sobre la Luz y el Sol.

Voltaire cuestiona los errores de la física en cuanto a la elaboración del Génesis, por cuanto la luz fue creada cuatro días antes que el Sol y la Luna, y se explica esto, por la creencia antigua de la existencia de la luz con independencia del Sol, que servía, según entendían para darle mayor vigor, pero no para crearla.

Otro de los errores cuestionados por Voltaire sobre la creación es que hubiera “mañana” y “tarde” antes de que hubiera Sol.

La ida de Cielo y de Firmamento como algo solidó era también equivocada en la antigüedad, creyéndose que era real y material, así como que había una bóveda para guardar el agua de las tormentas.

Sobre la creación por Dios de la luz y posteriormente del sol, un renombrado obispo, Aubert d’Avranches, un santo en la Iglesia Católica bajo el reinado de Childeberto III (695 – 711) sostenía que la luz era independiente del sol, y que así lo había creado Dios.

De este obispo se cuenta que tuvo una visión del Arcángel Miguel para la construcción de una capilla, y que, por evadir dos veces el pedido, el arcángel, en la tercera visión le marcó con su dedo en la frente, una cruz, que, se dice, puede ser apreciado, como reliquia, en la Iglesia de Saint-Gervais-et-Saint-Protais en Arranches, aunque se sostiene que en realidad se trata de un cráneo prehistórico con evidencias de trepanación, una práctica médica que consiste en agujerear el cráneo.

Adán y la creación de la luz.

Cuenta el Midrash Tehillim, que Dios conversaba todos los días con Adán y que este se mostraba muy interesado sobre la obra de la Creación, y así es que le preguntó a Dios como es que había creado la luz y Dios de respuesta le dio dos piedras, una, la de la oscuridad y otra, de la sombra de la muerte, y al frotarlas Adán, salió el fuego.

“Así fue hecha le dijo Dios.”

La imagen lo es la obra, en óleo de “La creación de Adán” de Francisco Bayeu y Subías, (1.734 – 1.795)

Esta imagen representa más el momento entre Dios y Adán, y la confrontamos con la ya anteriormente reproducida que lo es, de la Capilla Sixtina en donde puede observarse que Miguel Ángel lo que está representando, en esa unión de los dedos, casi tocándose, de Dios y Adán, el soplo de la vida, simbolizándose la creación.

El agua mansa y el agua bravía.

Encontramos que, en los relatos de la creación, se nos hace una distinción de las aguas, y así Dios debe separarlas enviándolas hacia arriba y hacia abajo, por ser aguas bravías, aguas malas, para así crear un espacio seco, la tierra, donde instalar su creación de animales, vegetación, y las criaturas humanas, y en un relato posterior aparece el aguan como benéfico para la vida.

Siendo innegable el origen de los relatos bíblicos de historias y leyendas mesopotámicas, debemos ubicar también esta diferenciación del agua en las narraciones bíblicas de la creación, como que reconoce un origen cultural humano, y lo es en el ambiente mesopotámico, distinguiendo a culturas nómades de culturas sedentarias, y así, la concepción y caracterización del agua como un elemento malo y bravío, se debe atribuir a narraciones nomadas provenientes del sur de Mesopotamia habituada con frecuencia a las fuertes inundaciones, mientras que la consideración del agua como mansa, lo es de relatos originarios del sedentarismo en donde las aguas eran utilizadas para el riego.

Retrotrayéndonos a las creencias religiosas mesopotámicas, encontramos en sus orígenes el elemento agua como elemento primordial y en el Dios creador Apsu, como principio masculino y personificación del agua dulce, y de su unión con la diosa Tiamat, como principio femenino, como agua salada, nacen las restantes deidades, todas personificando fuerzas de la naturaleza, con sus ciclos diarios, mensuales y anuales, y sus días y sus noches, que era lo sorprendente ante el ser humano, lo desafiante y lo temeroso, generándose una clásica batalla entre dioses, que en realidad lo es entre fuerzas de la naturaleza, y de allí la creación, lograda la necesaria armonía entre todos los principios constituyentes.

Es de hacer notar, no obstante la toma israelí de concepciones mesopotámicas, que hay una separación a la hora de centrar al o a los personajes en la gestión creadora, y así, luego de reelaboraciones, los escritos judíos, tienen la particularidad, en lo atinente a la creación, que no son representaciones de las fuerzas de la naturaleza, sino que colocan por encima de la misma a un ser superior, y así el Dios de la Biblia es superior a la naturaleza, con la consecuencia que esa superioridad inicial de Dios, luego transferida al hombre, ha sido la causa conceptual de creernos, sinceramente superiores a la naturaleza, con las ya vistas y sentidas reacciones de venganza de la naturaleza.

Por otra parte, los relatos creacionistas bíblicos no son a causa de una unión sexual, sino de un único poder de un ser superior.

La Rebelión de las Aguas.

En esto de separar Dios las aguas, las de arriba de las de abajo, los Midrash, relatan que cuando Dios inicio su creación encontró las Aguas de Arriba, caracterizadas como elemento masculino y las aguas de abajo, como elemento femenino, unidas ambas en un abrazo apasionado e inseparable y Dios les ordeno “Que una de ustedes se separe, se levante y que la otra descienda

Entre esos Midrash aludidos se encuentran el Konon, el llamado “Génesis Rahba” sobre el Génesis, recopilado aproximadamente en el siglo V e.c. y la obra cabalística conocida como Sefer Razieh sobre secretos del cielo, la creación y los ángeles y el Midrash Tehillim o Shoher Tobh, sobre los Salmos y recopilado aproximadamente en el siglo Xl

Ante la orden de Dios, las aguas, unidas apasionadamente se resistieron a la orden de Dios y se quejaron, justificando su posición “Somos inseparables, deja que nos amemos

Dios se enfureció, no podía permitir que hubiera rebelión y se desoyeron sus órdenes y de inmediato con su dedo meñique separo las aguas enviando las de arriba a gran altura y a las de abajo las derribo al fondo y las chamusco con fuego impidiendo que volvieran a juntarse.

Dios les ordenó a las aguas de abajo que debían separarse para permitir el paso de los israelitas en ocasión de su futuro éxodo en huida de Egipto y también dejo ordenado que debían impedir la huida de Jonás a Tarsis, en Jonás 4. 2,

Las aguas no conformes con la pérdida sufrida inundaron las cimas de las montañas y llegaron al pie del trono de Dios, quien las pisoteo y las volvió a sus cauces.

Las aguas protestaron “Cubrimos el mundo entero y aun así carecemos de espacio suficiente ¿Quieres limitarnos todavía más?

Ante ello Dios, enfurecido mato a Océano quien comandaba las aguas.

La Materia.

Dios es el creador de todo, pero se hace la irreverente pregunta de con que creo Dios todo lo que creo, y una de las respuestas basadas en las propias creencias pre existentes es que la materia es eterna, que ya existía materia, que era ese caos encontrado por Dios, y que la obra creadora de Dios fue la de organizar y canalizar ese caos.

En realidad, la creencia religiosa lo es de una creación ex nihilo esto es, una creación de la nada, que es definida filosófica que supone l existencia de un “Algo”, en su caso, materia y a partir de allí su transformación por, en este caso, por un Dios.

Científicamente se sostiene que nada se puede crear de la nada.

Puede interpretarse las Escrituras como que reconoce que la materia existía y sobre ella, la Potencia Divina, el Espíritu de Dios es quien con ese “soplo” con ese “viento” que agitaba las aguas es que Dios lleva adelante su Creación.

Estas ideas y conceptos tomados por los hebreos ya existían en la cultura fenicia y habían sido descritos por un autor fenicio llamado Sanchoniaton, (adorador de Atón) del que nos ocuparemos con mayor detalle.

Este autor, en realidad egipcio, exiliado a Fenicia deja registrado en sus escritos las creencias comunes de los pueblos en cuanto la materia es eterna, y que el Dios o Dioses, la ordenó para la creación.

Se cuestiona al judeocristianismo que, ya sabiéndose en aquellas fechas, por observaciones astronómicas la inmensidad del espacio, y lo infinito del universo, y la existencia de la materia como previa y existente a toda creación, se pretenda inculcar que hubo una creación de la nada y que el Cielo se creó en relación a la Tierra.

 “Esta idea equivale a decir que Dios creó las montañas y un grano de arena y que las montañas las hizo para ese grano.”

Tan avanzados estaban los fenicios, antecesores de los israelitas, que las ideas impuestas en el Génesis sobre la creación del mundo, como que: “Y la tierra estaba desnuda y vacía, y las tinieblas estaban sobre la luz del abismo, el espíritu de Dios llevado sobre las aguas” y que la tierra no estaba aún formada, que existía la materia, pero no había sido aún organizada son ideas ya expresadas con anterioridad en los fragmentos de Sanchoniaton, un antiguo escritor e historiador de origen fenicio, nativo de Beirut o de Tiro, que escribió sobre la cosmogonía fenicia y cuyas obras han desaparecido, cuyo nombre significa “Templo vivo de Atón” exiliado en Fenicia luego de la muerte del faraón Akhenatón.

Y así pasamos al TERCER DIA.

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Autor

Francisco Bataller

Procurador, escritor e investigador sanjuanino. Su obra aborda historia, política, mitología, arte y pensamiento, promoviendo el acceso libre al conocimiento mediante licencias abiertas.