Amor de Dioses.(11) Narciso, Eco e Ío

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El amor de Eco y Narciso.

Eco, después de la maldición y castigo de Hera deambulada solitaria por los campos sin poder hablar y descubre a un bello joven, Narciso y se siente enamorada de ese bello joven. Narciso por su parte huye de Eco, quien lo persigue y cuando lo alcanza, por la maldición de Hera, no puede pronunciarle palabra, se esconde y busca la ayuda de los animales del bosque para que sean ellos los que hablen por Eco que no podía hablar y le cuenten su amor a Narciso, quien, solo enamorado de sí mismo se ríe de la pobre Eco, obligándola a recluirse en una cueva, cubrir su cuerpo con hojas y transformarse en roca.

La imagen de inicio lo es Narciso en la fuente (1.595), óleo expuesto en Roma en la Galería Nacional de Arte Antiguo en el Palacio Barberini, originariamente atribuido al pintor napolitano Michelangelo Merisi da Caravaggio (1.571 – 1.610)

No había sido Eco la única ninfa enamorada del bello Narciso, y una de ellas le había lanzado una maldición ante el desplante: “¡Que él también ame algún día y no pueda poseer el objeto de su deseo!” y Némesis, Diosa de la venganza, hizo efectiva la maldición e hizo que se enamorara de su propia imagen, y fue quien guio al bello Narciso hasta la fuente donde pudo apreciar su propia imagen y quedar enamorado sin poder llegar a poseer ese “objeto de su deseo

La pintura reproducida es Eco y Narciso, (1.903) pintura del británico John William Waterhouse (1.849 – 1.917).

Cada vez que Narciso deseaba atrapar la imagen, tocar ese rostro amado, que era su propio rostro, el mismo se desvanecía, convirtiendo en realidad las proféticas palabras de Tiresias: “Tendrá una larga vida mientras no llegue a observarse

Obsesionado por ese rostro, por esa imagen, Narciso deja de comer, de beber, se abandona y muere y en ese mismo lugar nace una aromática flor amarilla y blanca: el narciso.

Las historias sobre Narciso lo fueron por Pausanias en su Descripción de Grecia, por las historias de Ovidio y los relatos en el llamado Papiro de Oxirrinco, que fue descubierto en 2.004,

En cuanto a quien fue el amante desairado por Narciso, una versión nos da que fue Eco, según lo hemos visto, pero en un relato romano aparece un joven personaje masculino de nombre Ameinias quien estaba enamorado de Narciso pero que fue rechazado de manera cruel y burlona entregándole al joven amante una espada con la que Ameinias se suicidó en las puertas de Narciso y rogó venganza a Némesis para que Narciso pudiera conocer el dolor del amor no correspondido.

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Eco y Pan.

Otra versión sobre Eco relata que era una bella ninfa que desairó al Dios Pan, normalmente representado como un fauno, el Dios de los pastores y rebaños quien ordenó matar a la ninfa y descuartizarla, siendo la Diosa Gea quien recogió sus pedazos y su voz que solo repetía las últimas palabras de los demás.

Ío.

Ío era hija de Ínaco, rey de Argos, descripta como una bella doncella de la que el enamoradizo de Zeus la vio y decidió acceder a ella, para lo cual uso su transfiguración en nube, una nube que lo disimulaba ante la mirada atenta de su celosa Hera y conquistó y sedujo a Ío.

Ya advertida Hera de las andanzas su infiel marido, el rey de los Dioses, se ocupó ante esa sorprendente nube en un cielo despejado y soleado y procedió de inmediato a presentarse intempestivamente en ese sitio, en ese espacio en el que los amantes disfrutaban entre sí, lo que los sorprendió, y ante ello Zeus para ocultar a su amante la convirtió en una bella vaca, una ternera blanca.

Según algunas versiones, Zeus se convirtió en Toro para continuar con la seducción. Según otras, fue Hera al ver a esa bella ternera, y desconfiar de la misma, y como sutil venganza, le pidió a su marido que le regalase esa ternera, la que a la vez regalo al gigante de Argos, el de los cien pares de ojos, sumando su fuerza, su habilidad y el permanecer eternamente vigilante, y según Ovidio, mientras dormía «Dos de sus ojos se turnaban para descansar, los demás cuidaban y se quedaban de guardia«

Zeus, reaccionó encargando a Hermes (Mercurio) a que matara a Argos para así liberar a Ío, y logrando asesinar a Argos, Hera, recoge los cien pares de ojos de Argos y los coloca en la cola de un pavo real.

La imagen reproducida, cubriendo a Ío en una nube es “Júpiter e Ío” (1.531) de Antonio Allegri da Correggio (1.489 – 1.534) un pintor italiano del Renacimiento, y expuesta en el Museo Kunsthistorisches de Viena.

De esta bella pintura de Correggio podemos observar una joven y bella doncella, desnuda, sobre un paño blanco que contrasta con los tonos grises de la niebla, que insinúa una forma humana que intenta abrazar y besar a Ío.

Esta obra le fue encargada por unos nobles y se pretendía que lo fuera una serie de “los amores de Zeus” entre las que se cuenta el Rapto de Ganímedes.

Esta otra imagen, “Juno descubriendo a Júpiter con Ío” (1.618) expuesta en el National Gallery de Londres, del artista el holandés Pietersz Lastman (1.583 – 1.633) barroco, y representa el momento en el que Hera sospechando la infidelidad de Zeus se les aparece de improviso, habiendo entonces, Zeus transformado a Ío en vaca, y ofreciendo en ofrenda al animal para así evitar la iracundia de la Diosa, y por su parte, Hera la pone a buen resguardo bajo la vigilancia de Argos Panoptes, el gigante de cien ojos, que nunca dormía.

Esquilo (524 – 455 a.e.c.) el primer dramaturgo y fundador del genero trágico, da como versión, que fue Hera quien le pidió a Zeus, convirtiera a Ío en vaca, como castigo.

Se muestra a Hera descendiendo, en la escena, en una nube, acompañada de pavos reales, sorprendiendo a Zeus e Ío.

La pintura lo es Mercurio y Argos de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, 1.659, Museo del Prado – Madrid, es la que representa el asesinato por Hermes de Argos, y lo es en base a los relatos de la Metamorfosis de Ovidio.

Mercurio, es el personaje a la izquierda y que se reconoce por su sombrero alado, acompañado por un instrumento musical, su flauta, y aparece acercándose a Argos, a quien duerme por el poder de la música y a quien mata en cumplimiento de una orden de Zeus, para liberar a Ío.

Ovidio, nos cuenta “todos los ojos de Argos, abrumados por el sueño, se cerraron. … Mercurio saca su espada torcida y golpea a Argos con ella, asiente en sueños, una herida donde la cabeza se une al cuello«

Concluye Ovidio «¡La luz que brillaba en tantos ojos se apaga! ¡Cien ojos ahora se cubrieron una noche!«.

Este personaje de los cien pares de ojos fue motivo de representación de Peter Paul Rubens (1.610), en Juno y Argos, que se exhibe en el Museo y Pinacoteca Wallraf-Richartz, de Colonia, Alemania, observándose la asociación de la gran cola del pavo real con la particularidad de Argos.

La obra representa el trágico momento en que, habiendo sido asesinado Argos por Hermes, por orden de Zeus, Hera, junto con Iris, personificación del arco iris, estan extrayendo los múltiples ojos del asesinado Argos y colocándoselos en la cola de un pavo real, y así los ojos de Argos viven en las plumas del pavo real.

Zeus con sus caricias convirtió nuevamente en mortal a Ío y tuvieron por hijo a Épafo, a las orillas del Nilo, que llegó a ser rey de Egipto, siendo fundador de la ciudad de Menfis.

Hera ordenó a los Curetes, los custodios del niño Zeus cuando estaba escondido de su padre, que trajeran a ese hijo de Zeus y así lo hicieron por lo que recibieron un duro castigo de Zeus, procediendo Zeus a rescatar a su hijo a quien encontró en Siria bajo la protección de Astarté, nombre griego de la Diosa Madre Mesopotámica Ishtar, esposa del rey Malcandro de Biblos.

Otra de las representaciones artísticas lo es el cuadro titulado “Paisaje con Júpiter e Ío” (Museo del Hermitage, San Petesburgo) del pintor italiano Andrea Schiavone (1.515 – 1.563) presentando a Zeus / Júpiter e Ío, después de haber consumado la relación y observando la aparición de Hera sobre una nube.

PROXIMA NOTA:

Los amores de Leto y Niobe.

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Autor

Francisco Bataller

Procurador, escritor e investigador sanjuanino. Su obra aborda historia, política, mitología, arte y pensamiento, promoviendo el acceso libre al conocimiento mediante licencias abiertas.