Recorriendo Goya (05)

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El 2 y 3 de mayo.

Recuperado el trono por España y restablecido Fernando VII en 1.814, es a iniciativa de Goya el proponer se homenajeará, en celebración lo que fue la resistencia insurreccional del pueblo español en las jornadas del 2 de mayo y los fusilamientos del tres de mayo de 1.808

Estas obras tienen toda una historia detrás que son los acontecimientos que se iban sucediendo en esa España bajo el reinado de un rey débil, Carlos IV, manejado por su primer ministro Godoy que era el amante de la reina y un heredero al trono, Fernando VII, que desconfiaba de una alianza del reino con Napoleón que quería tomar España y Portugal, que era aliado de Inglaterra, y ante la debilidad de Carlos IV, directamente Napoleón toma España y corona a su hermano José como nuevo de rey, ante lo cual se rebela espontáneamente el pueblo español y es reprimido por los franceses que utilizan a mercenarios egipcios, los mamelucos.

Esta es la escena que se representa en el primero de los cuadros, el 2 de mayo, y ante ese levantamiento popular, y la represión, se produce, sin juicio alguno, al día siguiente, el 3 de mayo, los fusilamientos llevados a cabo por los franceses, que no solo lo fueron contra algunos de los alzados, sino contra muchos inocentes, en represiones en varios sitios de Madrid, en el mimo día, como en el paseo del Prado, la Puerta del Sol, la Puerta de Alcalá, el portillo de Recoletos y la montaña del Príncipe Pío.

Estos dos cuadros, lienzo al óleo pintados por Goya en el año 1.814, que se complementan, ambos expuestos en el Museo del Prado, han recibido varios nombres, uno de ellos, El 2 de mayo de 1808 en Madrid o La lucha con los mamelucos, y el otro, El 3 de mayo de 1808 en Madrid, también conocido como Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío y Los fusilamientos del 3 de mayo.

Puede advertirse en esta pintura que el artista pone de manifiesto exultante todo su talento y lo hace a su manera, desoyendo los parámetros clásicos del academicismo generando insospechablemente el surgimiento de un nuevo estilo, disruptivo y personal.

Fue el Consejo de Regencia quien encargo la obra y lo hizo, más que por la glorificación del heroico pueblo español, sino en realidad para ocultar lo que fue su complicidad con las fuerzas francesas ocupantes.

Desde el Museo del Prado y de varios especialistas en el Arte y en Goya, resaltan esta obra y con muestras parciales se puede admirar el dramatismo y toda su belleza.

Así, los especialistas hacen un primer recorte visualizando al pelotón de fusilamiento francés, mostrándose, con genialidad el orden de los represores, mostrándose fuertemente alineado a los fusiladores pero sin sus rostros, solo sus cascos, con lo que se entiende que el artista está deshumanizando a esos asesinos, a quienes se los presenta de espaldas, con lo que se le da al espectador un carácter de testigo ante esa tragedia.

Sobre los fusiladores, se los presenta en tonalidades uniformes, de tonos marrones y grises, conformando un muro de muerte.

Un detalle a observar lo es la horizontalidad de los fusiles, y todos alineados en esa muestra de una máquina de matar.

Tomando de la Web del Museo del Prado y referido a una especialista en Goya, la artista española Concha Jerez (1.941) expresa que, Goya se ha adelantado casi un siglo al estilo de Paul Cézanne (1.839 – 1.906) el pintor francés posimpresionista, considerado el padre de la pintura moderna, y que sin duda supo tomar lo especial de Goya, y a su vez, es igualmente un adelantado a lo que será posteriormente el cubismo.

Ya visto a los represores, se parcializa la pintura del fusilamiento para ver a las víctimas, que son mostradas en un lógico desorden de los condenados, que son simplemente pueblo, sin armas, ni uniformes, y mostrando su desgargante sufrimiento ante la muerte,

Se los muestran sin líneas, de rodillas, ya unos abatidos yaciendo sangrientos en el suelo y otros esperando esa bala que ya salió de los asesinos, unos tapándose los ojos con sus manos, otros alzándolas en un último gesto de dignidad.

Sobre el fondo a la izquierda puede observarse una sombra, que se puede interpretar como un mensaje del artista mostrando una sombra que podría pensarse que es la figura de una mujer que podría estar sosteniendo, quizás a un niño, en una referencia religiosa a La Piedad.

No pasa desapercibido, y lo es hecho a propósito y basado en datos reales, que, en esos fusilamientos hubo sacerdotes, simples frailes del pueblo, uno de ellos lo fue la ejecución del sacerdote, don Francisco Gallego y Dávila, que se puede visualizar en la pintura ese personaje que luce vestido con sotana.

Se muestran los rostros de las víctimas, todos anónimos, todos puro pueblo, gente del pueblo, ningun soldado, ni guardia, ni uniformes, ni tampoco figuras de funcionarios ni de clase, y ese pueblo mostrando su horror, y algunos exponiendo sus rostros y otros ni siquiera pudiendo hacerlo.

Entre todos los detalles de esta obra, se ha puesto énfasis, por los especialistas, un mensaje de un estigma, como simbolizando el de Jesús, y así se observa en la mano derecha del personaje de camisa blanca, simbolizando inocencia y esperanza y de rodillas, que levanta sus dos manos en frente de los represores, y en esa mano aparece esa marca del estigma, interpretándose el símbolo de un “Nuevo crucificado” que da su vida como sacrificio por la liberación española del imperio opresor.

Pareciera que estaba todo dicho sobre esta pintura, y sin embargo, los que saben nos indican que debemos todavia admirar el fondo de esta obra, esa parte que se encuentra bien atrás y que sin duda pasaría inadvertida al simple espectador, pero es que con Goya no puede permitírsele al observador tener una mirada simple, sino esforzarse en lo que nos está diciendo este aragonés, que plasma en su trazos, sombras y colores.

A primera vista puede entenderse que en realidad ese fondo lo es, en su caso, lo era de la escena que se está representando, y así se muestra lo que habría sido un espacio real, que, para los madrileños es plenamente identificable como la montaña del Príncipe Pío, que, para una mayor identificación se encuentra situada en la ciudad de Madrid entre la plaza de España y las calles de la Princesa, Marqués de Urquijo y Ferraz, puede observarse lo que sería un convento, que sería, según los historiadores el convento de Doña María de Aragón y el cuartel del Prado Nuevo, hoy inexistentes.

Observando, en ampliación esta parte del cuadro pareciera encontrarse un grupo de gente, alejadas de los fusilamientos, que podrían ser, según algunos especialistas, funcionarios afrancesados, gente de elite que no querían aparecer cercano a ese pueblo sufriente.

Finalmente nos queda observar que todo transcurre en una noche, fría y cerrada, esforzándose el artista en presentar ese sombrío en un firmamento sin estrellas, y ello en una muestra del dolor sufrido como un luto expresado en ese cielo oscuro.

PROXIMA NOTA:

Gran retratista Goya, lo fue de todos los personajes importantes de su época, de la nobleza, de la alta elite, de los reyes y así, nos ocuparemos de retratos de Fernando VII, del primer ministro Manuel Godoy, y uno muy particular que logue de José I Bonaparte, rey de España.

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Autor

Francisco Bataller

Procurador, escritor e investigador sanjuanino. Su obra aborda historia, política, mitología, arte y pensamiento, promoviendo el acceso libre al conocimiento mediante licencias abiertas.

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