Historia de Mis Historias,
En oportunidad de concluir con mi libro “Los Senos en el Arte y en la Historia” me ocupé, en una Separata de insertar algo de lo que era el Arte Argentino, en la temática del Desnudo Femenino, y encontré esta bellísima obra, por todas sus características sobre la que pasaremos a exponer.
No podíamos quedar muy fuera de la tendencia mundial del arte en recaer en el desnudo y centralmente en el desnudo femenino y siempre lo fue con una mirada de belleza desde las figuras mitológicas, grecorromanas y judías con sus heroínas.
Así en Argentina ese estilo fue indiciario en nuestros artistas y, según veremos a algunos de ellos a Pueyrredón a Sivori, a Schaffino allá en el siglo XIX y a muchos otros en el XX, todos quienes se centran en el cuerpo femenino que constituía ya una tradición de la que no podía escaparse, y en la cual, cada uno podía aventurarse y atreverse a ir un poco más allá de lo explícitamente entendido con insinuaciones y fantasías eróticas y hasta con cuestionamientos a la sociedad y a la imperante moralidad cristiana, y poder demostrar sus valías, sus estilos, sus diferencias y buscando una perfección y aceptación pública.
“El despertar de la Criada”
Eduardo Sivori.
Iniciamos con la obra que mayor impacto me ha causado por su audacia y su representación, despertando todo un conservadurismo existente y más aún, denunciando explícitamente toda una discriminación y hasta racismo en la sociedad que quería que el Arte lo fuera una representación de la belleza y no, de una pobre, fea y morocha sirvienta.
Se me pobra observar, cuestionar y hasta criticar, y con razón, sobre que el iniciar lo del Arte Argentino con esta obra, puesto que no es la primera, cronológicamente que representa nuestro Arte, ni tampoco porque lo fue de un artista argentino en nuestro propio suelo, y todo ello es certero, lo que no quita, ni disminuye mi impacto de este artista argentino, estudiando en Paris y logrando exhibir, nada menos que en el Salón de Paris, reservadísimo para pocos, poquísimos, su obra, que a su vez, como hemos adelantado lo era de un cuestionamiento y denuncia social que generó todo el conservadurismo reacio de la época.
Sabemos, y ya lo expondremos, que fue Prilidiano Pueyrredón, hijo del general Juan Martín de Pueyrredón, héroe de nuestra independencia y gran colaborador de José de San Martin en su campaña Libertadora, y que Prilidiano fue considerado el pionero de la pintura en nuestro país, al punto que el día 3 de noviembre, es el Día Nacional del Artista Plástico Argentino, y lo es en conmemoración del fallecimiento de Prilidiano Pueyrredón.
Ya abordaremos centralmente a este gran artista, e igualmente un verdadero precursor atrevido del desnudo en Argentina.
Retomando con nuestro artista, Eduardo Sivori (1.847 – 1.918) y habiendo sostenido que, este artista fue el primer argentino que expuso en el Salón de Paris, donde posteriormente, muchos más lo hicieron, ya en el siglo XX, a partir de 1.920, pintores y escultores argentinos, que integraban el llamado Grupo de Paris, entre ellos, Antonio Berni, Aquiles Badi, Alfredo Bigatti, y otros, insistimos en reafirmar lo expuesto ante la versión que tiene registrado como que el primer artista argentino en exponer en el Salón de París lo fue Juan León Pallière, que lo hizo en 1.868, exponiendo con una temática costumbrista argentino con “La cuna y la pisadora de maíz”

Ante ello y mencionándose igualmente que otros artistas argentinos lo siguieron, y en realidad, según sostenemos, por nuestra parte, fue Eduardo Sivori el primer artista argentino en exponer y lo hizo en 1.875, y ello en cuanto Juan León Pallière, no fue de origen argentino, sino nacido en Río de Janeiro (Brasil), el 1º de enero de 1823, hijo de artistas, y si bien realizó varios viajes y estadías en Argentina y tomo sus representaciones, en rigor, le corresponde a Sivori el ser considerado el primer argentino en exponer en ese Salón de Paris.
Sivori creó esta representación que nos ocupa allá en 1.875, esto es, hace ciento cincuenta años, lo que muestra no solo su maestría, sino su conceptualización social y su atrevimiento en exponer esa pintura en una Francia muy de nobleza y burguesía, muy de belleza para apreciar y no para observar una denuncia social.
Le lever de la bonne, así se conoció, en francés esta obra, que en su traducción lo es “El despertar de la criada” que, fue tenido, para la exposición como una obra dentro del concepto y genero naturista, aunque en verdad, sin ser un especialista, resalta ante la vista que es más de un realismo y de un desnudo que naturalista, más del estilo de un Gustave Courbet, y obviamente lo fue una audacia y un atrevimiento de parte del pintor argentino, planteando una denuncia social.

Sivori expuso ese mismo año en que en Francia se estaba construyendo la Torre Eiffel, obra que en si fue muy cuestionada arquitectónicamente en una Francia en la que imperaba un conservadurismo muy burgués y sin haber resuelto y logrado aquel grito de “Liberté, Égalité, Fraternité” que quedó simplemente como un triunfo de la burguesía, que no fue sino un cambio de mano en el mismo poder.
Esta obra, en óleo sobre tela lo es de aproximadamente casi dos metros de alto (198 cm) y casi metro y medio de ancho (131 cm).
Esta obra es patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes.
Podemos iniciar observando que estamos ante una escena sin narratividad, ante la sola presencia, muda, de un cuerpo desnudo de una joven, en la que observaremos que no es de una bella joven, ni de un cuerpo hermoso.
De la simple observación puede convenirse que en general para el espectador le resulta facil categorizar o encuadrar a ese personaje y lo es de una mujer pobre, y como perteneciente a la clase trabajadora.
Tambien podría definirse, en su caso, bajo otra óptica como que se trata de una prostituta, y sobre eso haremos un párrafo especial para marcar las diferencias y por qué insistimos en encontrarnos ante una mujer obrera.
Más específicamente lo es, y así fue definida, que lo es de una sirvienta, y en esos mismos términos despectivos, racistas, masajistas, machistas y supremacistas, al punto que llegó a cuestionarse que un personaje así, una sirvienta no podía ser representada desnuda, desde que el desnudo lo era para mujeres bellas.
El título en francés ya la individualizaba como sirvienta, lo que fue pasando a, con más respeto, usarse el término “Criada”
Viendo a esa mujer, que podría tomarse como de una mujer relativamente joven, no una anciana ni de mujer mayor, se visualiza sin mayor esfuerza que lo es de una piel oscura, no necesariamente negra pero muy alejada de la blancura europea de la burguesía y damas de sociedad.
Esa oscuridad, que lo es de su piel, y de sus zonas expuestas, sin llegar a ser negritud en colores, lo era en lo conceptual y de allí su encuadre en el de una sirvienta, una mujer destinada a las tareas domésticas de las clases sociales más elevadas.
No hay mucha luminosidad, muy sencilla, una luz ilumina su cuerpo, sobre todo sus pechos y una de sus piernas, siendo la otra más oscura.
La escena lo es, al parecer en la mañana en que la criada se levanta, en su cotidianidad, para iniciar sus tareas y se muestra en sí muy cansada y en cuanto a su cuarto, muy sencillo y evidentemente muy pobre en todo sentido, una pared deteriorada, una cama sin tender, una mesita, un candelabro, quizás un cuadro y una silla, ropas amontonadas y arrugadas.
Puede observarse que al pie de la criada se ve lo que puede parecer una especie de uniforme que debía llevar la sirvienta.
En las tonalidades Sivori marca una diferencia entre el cuerpo por una parte y los pies y las manos, por la otra, con lo que estaba evidenciando, sin ocultamiento que ese personaje no era una dama, sino una mujer pobre.
La actitud del personaje se encuentra en la tarea de desenredad una media, arrugada y de mala calidad, quizás para colocársela.
Se aprecia a una mujer cansada, con sus pelos desprolijos, desnuda mostrando sus pechos grandes y caídos, sus piernas, gruesas, anchas, musculosas que denotan evidentemente de una mujer trabajadora, domestica u obrera, todo lo que hace a la obra exhibir realismo sin atenuantes.
Se complementa la identificación de sirvienta observando una cama muy sencilla, un zapato muy ordinario y roto y sus pies, ambos pies, feos, rústicos, lo que hasta genera en el espectador una sensación de indecoroso, de algo que no debería ser una representación artística, y menos, si lo es en el Salón de Paris que ha expuesto a bellísimas obras de artes y, en cuanto a desnudos a bellísimas mujeres, siempre recurriendo a la representación de personajes mitológicos, y frente a todo ello, a esos antecedentes, esta obra, ante la nobleza y burguesía francesa, la representación de una pobre, negra y fea sirvienta, agregándole a ello, latinoamericana, ese mundo que La Europa se precia de educar, y obviamente explotar.
Sin ser un desnudo totalmente explicito, se destaca, por los especialistas que, sin mostrar su pubis, se lo deja ubicar, invisible, bajo la pierna cruzada, y ello hace a una centralidad de la composición artística.
Otro argentino que expuso en Paris, un desnudo y que fue igualmente criticado, en menor escala, pero manteniendo los cánones impuestos, lo fue Eduardo Schiaffino (1.858 – 1.935) con su obra el Reposo, sobre la que nos referiremos brevemente.
Criticas en Paris.
En Paris, en su centralidad hubo un acuerdo generalizado entre los artistas y críticos, por un lado, que Sivori era un muy buen artista y que merecía ser considerado y valorado como tal, y junto a ello, en cuanto a su pintura La Criada, había un generalizado consenso en su crítica, no al artista sino a su representación por grosera e indecente.
Se cuestionada que dentro del estilo imperante europeo que era el naturalismo, esta obra era excesiva, y sin prudencia alguna calificaban al personaje de la obra, como la representación de un cuerpo de mujer, visto como feo, sucio y desagradable.
Una crítica velada, más aguda propio del conservadurismo, centrada en la desnudez del personaje, de esa mujer, lo era, muy subrepticia, hasta de ser de una ley no escrita que imponía que los desnudos lo son, lo deben ser, de diosas mitológicas de mujeres bellas, pero mujeres de Alta Sociedad, y especialmente de una piel que vislumbre su blanquidez, haciendo ello a la cualidad del desnudo, y este desnudo de esa sirvienta fea, pobre, trabajadora y negra transgredía esa norma imperante.
Esa representación era ofensiva para los parisinos, lo era para esa Europa central y lo sería para nuestra Buenos Aires periférica.
Nuestro país, nuestra centralidad portuaria, muy afrancesada, muy inglesa, muy sumisa al poder internacional sería una caja de resonancia en sus críticas.
En Buenos Aires.
Sivori, consagrado en Paris, aun con las fuertes críticas que lo eran sobre la representación, sobre el considerado “mal gusto” en la elección de la representación, pero no sobre la calidad del artista y su valor como tal, lo que no se le discutía, decidió, enviar su cuadro, ese mismo año de su exhibición, a Buenos Aires, con plena conciencia que si en Paris, en esa contradicción entre conservadurismo y libertad, mayor critica la habría en su propio país, pero decidido a ello, fue considerado como un gesto vanguardista, quizás el primero, e introductorio del realismo europeo, y lo esencial, que lo ha caracterizado es su enfoque humano mostrando no lo que era lo pretendido por un buen burgués, sino, la cruda humanidad más que en la belleza clásica.
Su decisión fue donar su cuadro a la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, de la que habia tenido participación.
Amigo del artista Eduardo Schiaffino, fue este el encargado del traslado
En aquel 1.887 en que se envió el cuadro a Buenos Aires, esa ciudad y la Nación entera se encontraban ya concluida la Campaña Genocida del Desierto, y con granes avances en la capital, inaugurándose la primera empresa de electricidad, instalándose frente a la Catedral.
Argentina bajo la presidencia de Juárez Celman, el cuñado de Julio Argentino Roca, y en vías cercanas a la irrupción de la Crisis de 1.890, con el default, el primero argentino, con pánico y depresión economica.
Fue tambien el año del surgimiento de lo que sería, con Leandro N. Alem, la Unión Cívica Radical.
Ya previo a su llegada y como anticipo, la sociedad, la sociedad conservadora inicio una ola de críticas y protestas, advirtiendo desde ella que era una obra problemática, grosera, y que, en respeto y resguardo de la Moral Cristiana, dicha obra será de absoluto acceso restringido.
La Sociedad Estímulo de Bellas Artes decidió exhibir, en su local, la obra de Sivori, cursando invitaciones a sus asociados y periodistas especializados, y además recolectar firmas, que llegaron a ser más de doscientos cincuenta, en apoyo y reconocimiento al artista.
Fue sin duda un escándalo artístico en Buenos Aires, una obra considerada inicialmente como de un desnudo grosero y de una prostituta, y luego, aun describiéndola como criada, como sirvienta, mostrada en el despertar de su intimidad, por el retrato de su higiene personal, y mayores críticas por el atrevimiento y agravio a la moral ciudadana y cristiana de la sociedad, en realidad de la Alta Sociedad.
Situándonos en ese Buenos Aires de entonces que en lo artístico no había tenido mayores problemas de exhibiciones de desnudos, este que además del desnudo presentaba una fuerte denuncia social, no podía sino recibir toda la furia por la indecencia, grosería, atrevimiento, inmoralidad y hasta pornografía, y frente a ello, a esa voz conservadora, elitista y explotadora, hubo un importante grupo de intelectuales y artistas que se expresaron públicamente en favor del artista y de la representación.
La prensa argentina, como simple receptoría francesa repetían y agregaban calificativos despreciatorios y con rimbombantes títulos como “Una aberración estética” y se explayaban en sus argumentos:
“no estuvo nada feliz al elegir el tema de esa tela “
“A quien se le ocurre plasmar semejante majadería”
Más aun, metiéndose con el personaje: “sobre todo cuando la sirvienta es tan fea, desagradable y tan sucia”
La fealdad con la que se alude en las criticas lo es al reflejar el artista, con maestría y crudeza en una representación que no pretendía belleza alguna, sino por el contrario mostrando esos pechos ciados, esos pies verdaderamente feos, dañados, maltratados y mal cuidados, y sus uñas sucias, no arregladas todo lo que evidenciaba, desde el artista que buscaba ese choque ante la sociedad, ante el espectador y mostrando que el arte, tomando palabras del filósofo Inmanuel Kant, no es la belleza del objeto representado, sino la bella representación del objeto, aun desagradable.
Todas las críticas, las iniciales francesas y las repetitivas portuarias lo que no podían evitar era encontrarse inéditamente ante una denuncia social, a un cuestionamiento que no cabía en el concepto del Arte.
Que de una mujer pobre, fea, oscura y obrera pudiera hacerse un desnudo y exponerse en el selectísimo Salón de Paris era una afrenta imperdonable.
A Sivori, finalmente se le permitió y con reconocimiento por, sencillamente ser un gran y habilidoso artista, que, en todo caso, se atrevió en un momento en esa denuncia social.
En realidad, Sivori no volvió a pintar desnudos cuestionables, sino que se encauso, volvió al redil.
Criada o Prostituta.
Habiamos comentado al inicio de la descripción del cuadro que podría fácilmente por el espectador entender que, ante ese desnudo, estaba en presencia de una prostituta, que quizás recien cumplía un turno con su cliente, y, fin de no distraer sobre la centralidad del personaje es que el artista realizo algunas modificaciones para concluir su versión pretendiendo no generar esa duda del personaje.
Según los estudiosos del Arte, Sivori, a medida que iba construyendo su obra hacia dibujos y hasta fotos, como versiones anteriores, para hacer las correcciones que entendía hacían a su objetivo.
En esas fotos pueden verse que, en un momento dado, Sivori, en esa mesa en la que, ahora podemos ver un simple candelabro con una vela, muy común, usada y apagada, había colocado, en lugar de ese candelabro, unos elementos de higiene, una palangana y una jarra, y en la pared del fondo, frascos y potes de tocador.
En cuanto al rostro y a la piel de la criada, en esas versiones anteriores se veían menos oscuras, resolviendo una mayor negritud para diferenciarla de una prostituta parisina.
Esos elementos podrán hacer dirigirse a una interpretación del desnudo de una prostituta, por lo que, a fin de mantener esa denuncia social sobre la discriminación racial, los excluyo y no dio pie a otras interpretaciones.
Con seguridad la crítica hubiera preferido que la representada fuera una prostituta, un tema social más de moda, más afín al estilo de la época y no una sirvienta que era una cachetada a esa sociedad racial.
Continuaremos con el Desnudo en el Arte Argentino.