Gustave Courbet. (02) – La mujer con medias blancas.

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LA REVOLUCIÓN DEL REALISMO ERÓTICO.

El Desnudo artístico.

Este artista francés Gustave Courvet (1.819 – 1.877), el creador y más representativo de lo que pasó a ser el Arte Realista, o El Realismo en el Arte, ha sido productor de grandes obras muy representativas de este estilo, una de ellas, de la que nos ocuparemos en esta Nota, La mujer de medias blancas, un título, que desde ya, desde su mismo título nos sorprende en cuanto está alejado de lo que era la tradición histórica, mitológica judeocristianas para la representación artística, y pasa a una, muy simplemente, una mujer, una cualquiera, no una diosa ni ninfa ni heroína judía, ni santa cristiana y es la protagonista de esta obra que, de solo observarla despierta una sensación erótica en el espectador.

Esta obra es de la categoría o estilo del desnudo femenino, aun sin ser un explícito desnudo, y es una representación por fuera de lo que era, para la época, lo común y, por sobre todo aceptable.

Estamos ante la presencia de una obra, realmente sorprendente y que lo fue en y para su época, y que es hoy, considerada una obra maestra del realismo erótico, del realismo en el desnudo femenino, algo impensable en su tiempo.

Gustave Courvet realiza esta maravilla en el año 1.864 y lo hace rompiendo toda una tradición, ya por inercia, que todavia se mantenía de un Academicismo en el trato e imposición de pautas sociales y artísticas de cómo se debía representar un desnudo, y que lo debía hacer siempre dentro de las categorías de la Mitologia en sus Diosas, especialmente bajo lo que era La Venus Púdica.

Courvet lo que hace, en ese acto disruptivo en el Arte es presentar una representación de un sutil desnudo femenino, con evidente motivación erótica y saliéndose de los parámetros mitológicos, puesto que esa Mujer de medias blancas no pretende representar a Venus ni a ninguna de las bellezas grecorromanas.

Esa representación lo es, directamente de una carnalidad presente y cruda, sin ambigüedades ni simbolismos.

Es importante, en la apreciación de esta obra un triple análisis, iniciando con el análisis del contexto social e histórico al realizarla, complementariamente su simbología, y el análisis tanto de su técnica y composición.

Su contexto Histórico y social.

Ubiquémonos en la segunda mitad del siglo XIX y él lo que era la tradición en el arte, que lo era, indefectiblemente con un concepto europeo y más francés, en donde se continuaba manteniendo lo que era, que habia sido y que, por inercia continua, el Academicismo al que se le irán enfrentando en esa segunda mitad del siglo XIX movimientos y estilos disruptivos que van surgiendo no solo por la inspiración de sus genios, sino, más precisamente por los cambios científicos y tecnológicas que se estaban produciendo y que, en forma muy directa afectaban al arte, tal como se lo venía reconociendo desde el Renacimiento.

Una innovación que fue crucial para el arte, lo fue la fotografía, que recien inventada podía mostrar con detalle la realidad con lo cual le privaba al arte su representación, y en especial, la fotografía se inclinó comercialmente en reproducciones roticas y hasta porno.

El desnudo, en especial, y fundamentalmente el femenino, siempre púdico y de acuerdo a la moral burguesa y con simbología mitológica de dioses o ninfas, o judeo cristiana, en lo que podían ser las heroínas judías, pero no el desnudo de mujeres comunes, sencillas, bellas y desnudas o, más peligroso aun, seductoras, eróticas, lo que lo hacía provocador, peligroso, prohibido y maldito.

El artista, lo hemos descripto en su presentación no tenía límites ni reconocía los impuestos y se auto describe con una frase que se le atribuye que es, expirando que no está en la búsqueda de una belleza idealizada, mucho menos mitológica, sino, de una belleza real, fuera de toda simbología, sino directo a un mensaje humano, y en este caso, el erótico y sugestivo.

Su frase, sobre el 1.860 es «Nunca he visto ángeles. Muéstrame un ángel y yo pintaré uno» con lo que estaba sentando su principio de la imposición de la realidad, una realidad observable, por sobre las pautas académicas centradas en pintar temas religiosos o mitológicos, reafirmando su enfoque realista, de allí, lo que se pasó a llamar el Estilo Realista, representado la naturaleza y la vida cotidiana y sus hombres y mujeres.

Su Simbología.

La pintura en sí, con esas medias blancas, en esa pose más que sugestiva de tener una colocada y la otra a punto de hacerlo, genera un fetiche sexual, algo esencialmente sugerente, erótico, directo, carnal, y a ello le agregamos esa mirada cómplice de la protagonista y su pose, mostrando sin mostrarse sexualmente, era, y es evidentemente un símbolo sexual, esencialmente erótico.

Su mirada es ausente, no está directamente mirando al espectador, pero, aun manteniendo su intimidad, es provocativa, y lo es a propósito, permitiendo a quien la observe como un voyeur privado.

Lo genial es que es un desnudo que no es, estrictamente, un desnudo, sino una sugerencia, un ir yendo hacia el desnudo, lo que hace a incrementar la carga sensual y sexual.

Esa pose presenta a la protagonista desinhibida y en un acto deliberado, pero completamente natural, sin forzar ninguna actitud, y el realismo se completa con mostrar que ese estar yendo al desnudo es deliberado de la protagonista, un acierto total del artista.

Su Análisis Técnico.

La obra lo es del año 1.864, de un Estilo que pasó a ser el Realismo y exhibiendo un alto contenido sensual y erótico.

No es lo nuestro, pero de todas maneras podemos observar líneas seguras como que su mirada, esa mirada ausente está dirigida hacia su pierna

Igualmente es observable el claroscuro que lo es entre su piel blanca, que se muestra con su suave textura, y sus medias sobre un fondo oscuro.

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Autor

Francisco Bataller

Procurador, escritor e investigador sanjuanino. Su obra aborda historia, política, mitología, arte y pensamiento, promoviendo el acceso libre al conocimiento mediante licencias abiertas.