Conversando hace unos días con un viejo amigo, uno de tantos y con quien hemos mantenido viejas discusiones sobre el destino de Argentina, tenía una posición muy proclive a La culpa es de los argentinos y en su caso la culpa es de los peronistas con lo que estaba mostrando, pese a no darse cuenta de la claridad de su pensamiento cual era la centralidad del problema que nos aqueja y que, sin saberlo lo sentaba y centralizaba en el Pueblo y los momentos de liberación, que ha pasado a ser este último, el momento populista.
Dejame explicártelo le dije, dame unos momentos.
Argentina y los países de Latinoamérica fueron, según la concepción Eurocentrista “Descubiertos” para el imperio Español, en su momento, uno de los mayores imperios existentes y este imperio con su concepción de imperio y con el instrumento de la Cruz y la Espada, destrozó, diezmo, todo Latinoamérica y sustrajo gran parte de su gran riqueza, dejando desbastadas las civilizaciones originarias e impuso un vasallaje opresivo, en nada diferente a la más cruel esclavitud.
Europa era el centro del universo y en la sucesión de los imperios decaía España y florecía Inglaterra ayudado con la revolución industrial y así La Rubia Albión, quería ser el sucesor de las posesiones españolas y para ello, primero lo intentó con la invasión militar, y en nuestro caso, en 1.806, 1.807 fue derrotado e inmediatamente comprendió el uso de otros mecanismos de mayor poder y penetración como lo fue el Libre Comercio, libre siempre que lo fuera a su favor y no reciproco y ante ello y no por humanidad sino por el consumo de sus mercancías a granel y baratijas por su industrialización desechó y combatió la esclavitud, habiendo sido el imperio más esclavista, pero es que los esclavos no consumen y si los hombres aparentemente libres, y para ellos un mercado a quienes venderles sus productos favoreciendo para ello las independencias de las viejas colonias de la decadente España, y así como en mayo de 1.810 los españoles su fueron pero los ingleses se quedaron para siempre, e hicieron fragmentar y evitar la unidad de lo que fuera el colosal virreinato, logrando e instalando falsas diferencias para mantenernos todos separados de todos y todos sujetos a ese imperio, y lo hicieron seduciendo a los centros portuarios e incipientes oligarquías generando e imponiendo la creación de ese Modelo que se basaba en un eje central, la División Internacional del Trabajo y así, fue impuesto que país que era tabacalero, tabacalero debería continuar y si éramos un granel, a solo eso deberíamos limitarnos y no avanzar en industrialización, dejándosela a ellos y regalándoles nuestras materias primas a precios viles para ellos vendernos el producto terminado a sus precios industriales, ponchos y botas inglesas con nuestro cuero y nuestra lana, y ante ello apareciendo insurgencias y cuestionamientos se los debía callar y asegurar el coloniaje y vasallaje y que mejor que embellecer la ciudad contando con un endeudamiento en absoluto de creación de riquezas sino suntuario, y ese endeudamiento lo fue antes, lo fue después y lo es ahora más que condicionante de cualquiera salida de autonomía propia y generaron una ávida oligarquía para lo cual fue el propio Estado que favoreció en una acción genocida, la apropiación de las tierras de los pueblos originarios, asesinándolos al punto del exterminio y regalando esas ricas tierras a los ahora terratenientes, los que sienten que toda Argentina les pertenece y son enemigos declarados de los movimientos nacionales o gobiernos o proclamas de liberación y de unidad, y su respuesta lo fue siempre de represión, para lo cual contaban con el Ejercito ese Ejercito Nacional criollo y orillero que supo entregar su sangre por la Independencia pasó a ser la fuerza gendarme de represión, como lo fue con Yrigoyen, con olor a petróleo, con Juan Domingo Perón con toda una oligarquía y el poder de La Embajada y los altos eclesiásticos, y con un débil gobierno democrático imponiendo la más sangrienta dictadura genocida que haya padecido nuestro país, y con un ejército similar de ocupación como lo fue con Túpac Amuru, o de sostén del centralismo como lo sería con Artigas, cooptando el centralismo portuario la traición, como lo sería con Manuel Dorrego, haciéndolo asesinar, o con traiciones en alianza al extranjero para el derrocamiento, de Juan Manuel de Rosas.
Y si no era suficiente, y si era necesario se demonizaba, se creaban Ángeles y Demonios y frente a quienes no podían fácilmente catalogar de Demonio, pero no podían admitirlos como Argeles, se los barnizaba con un toque liberal, como a San Martin, el Padre de la Patria o a Belgrano como el creador de la Bandera, pero siempre alejados deshumanizados y despolitizados de sus ideales.
Habría progreso, vaya si habría progreso y es verdad lo que sostienen muchos como añorando “Todo tiempo pasado fue mejor” y recordando que Argentina estaba entre los primeros países del mundo, con progreso, sin inflación y con grandes riquezas, solo que, solo para pocos, muy pocos.
Hubo progreso y hubo ferrocarril, pero no para comunicar a los pueblos entre sí, sino todos desde sus lugares de producción al puerto central para la exportación, para sus verdaderos dueños.
Y cuando vuelve a cambiar la secuencia imperial y le pasa el turno a la gran potencia del Norte, volvemos a cambiar de correa, pero seguir siendo perro y considerándonos su “Patio Trasero” nos impone su “Consenso de Washington” y con pretensión de apropiarse de nuestras riquezas, o al menos marcar su rumbo, impone a sus cipayos, en 1.955 el ingreso al F.M.I contando a partir de allí de un instrumento sinceramente sublime de opresión y dependencia llegando al extremo de no dejar mucho margen para políticas independientes.
Y así como Sarmiento con un criterio Eurocentrista antinacional expresó que “El mal que aqueja a la Argentina es la extensión” podríamos conjeturar que El mal que le aqueja a la Argentina es su potencial inmenso de riquezas de la que quiere aprovecharse el imperio y cuentan para ello con el cipayismo nacional.
Gas, petróleo, litio, energía de todo tipo, alimentos, hidrogeno, ganado, un país con una baja densidad de población, un país sin racismos ni nacionalismos regionales, con todos los climas, con una gran extensión, siendo uno de los países con mayor potencial minero por su gran extensión cordillerana y por su gran extensión marítima, con sus inimaginables riquezas ictícolas y de minerales, un país por su centralidad en la Antártida, por sus Hielos Continentales, por sus reservas de agua dulce, por su propia gente, por su cielo,
Esa es la riqueza que nos condiciona, esa es la riqueza de la que se han apoderado en parte y, sin límite alguno, la quieren toda y conciben a un pueblo que puedan mantener con dadivas con una mínima subsistencia y sin poder de reacción, sin industrialismo, sin sindicatos ni pensamiento nacional.
Desde aquella gesta del 9 de julio de 1.816 que se quedó en lo formal, el verdadero dilema, la verdadera lucha es el posicionamiento de si en realidad queremos ser un País Independiente de Toda Dominación Extranjera, como impusiera San Martin, o simplemente una, en cierto sentido y para cierta clase una colonia, como arteramente lo propuso Carlos María de Alvear, al imperio sosteniendo que “este país no está en edad ni estado de gobernarse por sí mismo, y que necesita una mano exterior que lo dirija” y esa mano sería “la generosa Nación Británica que puede poner un remedio eficaz a tantos males, acogiendo en sus brazos a estas Provincias, que obedecerán su Gobierno, y recibirán sus leyes con el mayor placer, porque conocen que es el único remedio de evitar la destrucción del país…”
Muy similar a lo dicho por el expresidente Mauricio Macri ante el rey de España expresándole la angustia que debieron tener los patriotas para liberarse de España.
Bien lo clarifico John Williams Cooke al expresar que la Dependencia tiene su origen en lo cultural y por ello es que “En un país colonial, las oligarquías son siempre las dueñas de los diccionarios” y como dueñas del Diccionario, son dueñas del Todo y son las que imponen que se dice y que se entiende y así se dice y se entiende lo que es, y lo que es, lo es servicial a sus intereses, reconociendo que a su vez ellos, La Oligarquía es sumisa a los poderes imperiales.
Por ello, como complementaba Rodolfo Walsh “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengamos historia, no tengamos doctrina, no tengamos héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan.”
“La historia parece así como una propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”
Esas Clases Dominantes, esas oligarquías parasitarias y sus funcionales periodistas y políticos son simplemente un eslabón del Imperio que es Todopoderoso y que seduce con enfrentamientos y alienta a la Clase Media, esa clase entre dos realidades, para que se sientan siempre por encima de lo nacional, esa Clase Media que, aun surgida de la movilidad social ascendente, cuestiona la solidaridad y unión estratégica con la Clase Trabajadora, con el Pueblo en sí, y hasta se siente más cómoda siendo servil a la oligarquía que compartir con el Pueblo.
Solo la Memoria del Pueblo y de sus dirigentes, no de Vanguardia, sino consustanciados con ese Pueblo sufriente y el reconocimiento de esa Clase Media de sentirse, sin vergüenza Pueblo, hará a la Liberación.
Francisco Bataller
14 de mayo de 2.022
